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un índice de los más elevados del continente africano y la mortalidad infantil es también baja.
La mezcla de culturas y razas ha conseguido desarrollarse en Zimbabue en la más perfecta armonía desde que se alcanzó la independencia.
Las diferencias son respetadas como en ningún otro país de áfrica.
La población de Zimbabue se encuentra claramente diferenciada en dos grupos: los blancos, que habitan las regiones altas orientales
y las ciudades, y los grupos étnicos negros. Estos últimos pertenecen a dos etnias principales aunque existen otros grupos
bantúes diseminados por todo el país: los Shona, establecidos en el noreste y el este del territorio, y los Ndebele, que viven
en el centro, en la zona sur, en el oeste y, sobre todo, en la ciudad de Bulawayo.
Los Shona son un pueblo de origen milenario, que contaba ya con una civilización bastante avanzada antes de que llegaran los
europeos. Se dedicaban a la fundición del hierro, oro y cobre, y fueron los que dieron nombre a una escuela de escultura que
goza de gran reputación en el mundo. Su habilidad en la talla de madera es muy apreciada. La mayoría se dedica a la agricultura
y la ganadería. Los Shona viven en kraals, aldeas dispersadas por el territorio, cuyas construcciones características son
chozas que se agrupan haciendo un círculo dejando en su centro un corral. La organización política es muy parecida a la de
los bantús, en la que hay varios estados pequeños, regidos por un jefe, que a su vez representa a un dios.
Los Ndebele, conocidos por sus habilidades militares en la época precolonial, hablan la lengua nguni. Habitan en el suroeste
y en la ciudad de Bulawayo. En esta etnia se incluye también a los zulúes emigrados a Natal a principios del siglo XIX. El
siglo pasado los ndebele fundaron su propio estado en territorio shona. Son sedentarios en general, aunque se dedican al pastoreo.
La esperanza de vida de estos pueblos ronda los 60 años y la alfabetización de los adultos alcanza al 70 de la población,
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