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Con una alta tasa de natalidad, Vietnam ya ha superado los ochenta millones de habitantes. Es una población joven (más de
la mitad no llega a los veinticinco años) y ecléptica, que incluye a tentes de diversas razas que viven en armonía concentrados,
fundamentalmente, en las zonas rurales.
La población se agrupa en tres grandes grupos: kinh o etnia vietnamita, descendientes de las grandes inmigraciones de los
siglos II y III, los hoa o etnia china, inmigrantes del país vecino que comenzaron a llegar en durante las dinastías Ming
y Qing que mantinene sus propias tradiciones y costumbres, y los cham, descendientes de una de las civilizaciones más importantes
de la historia del país ya que gobernaron entre el siglo II y el XV, la costa medioastural. La mayoría de ellos viven en torno
a los templos que construyeron sus antepasados, a pesar de que ahora no son budistas ni hinduistas sino musulmanes. Los cham
tienen su propio idioma, una lengua del grupo malayo - polinesio.
Además, están los khemrs, inmigrantes de Camboya, los hindúes que volvieron tras el conflicto bélico, los amerasiáticos, resultado
de la mezcla con los soldados americanos. A todos ellos hay que unir las minorías como los montagnards,los austroasiáticos
y los grupos de habla de la familia viet-moung. Por lo demás, la población vietnamita se caracteriza por su amabilidad y hospitalidad.
El gran crisol de culturas que forman Vietnam contribuyen a la gran riqueza cultural, religiosa, lingüística y social de un
país joven, que lucha por seguir adelante manteniendo sus tradiciones. La sonrisa, la elegancia ante los agravios y la gran
hospitalidad, son características de este pueblo que acostumbra a invitar al visitante a sus hogares para que disfruten de
un té con su familia. Son curiosos pero muy educados y les encanta conversar, aunque haya que recurrir a los gestos. Las constantes
preguntas, la creencia en la geomancia, a paciencia y la falta de prisa, son vitales en la cultura vietnamita. Si perdemos
la impaciencia, levantamos el tono de voz o hacemos gestos de enfado con las manos, perderemos la presencia, es decir, quedaremos
muy mal ante los demás aunque llevemos razón.
Para no tener problemas con ellos, lo mejor es mostrarse respetuoso, no tocar la cabeza de los niños, saludar adecuadamente,
quitarse el sombrero ante los ancianos y los monjes, descalzarse antes de entrar a loas casas y evitar llevar ropas demasiado
ligeras que puedan ofender sus costumbres.
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