Es una reliquia colonial con aire onírico, una villa alemana en la costa del Desierto del Namib que parece desentonar con
el siglo XX. Fue fundada por el comerciante de Bremen Adolf Lüderitz, que persuadió a Bismark para establecer allí un protectorado
en 1884. Tiene el sabor de una pequeña ciudad alemana, con exquisitos cafés e iglesias luteranas. Sin embargo, el desierto
la engulle poco a poco. El Atlántico sur en Lüderitz es frío, pero limpio, y es el hogar de focas, pingüinos y otras formas
marinas; a lo largo de la playa también podemos ver flamencos y avestruces.
La ciudad entera es un bonito ejemplo de la arquitectura colonial alemana Magistrate`s House, Goerke Haus, Concert y Ball
Hall.... Son dignos de visitar la Iglesia Felsenkirsche y el Museo de Lüderitz.
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