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Nepal es un verdadero paraíso para adquirir todo tipo de artículos a buen precio. El Valle de Katmandú es el principal centro
comercial y en cualquier calle se encuentran puestos callejeros, buhoneros, niños que ofrecen las más variadas mercancías,
además de las tiendas y mercados.
Las prendas de vestir son de buena calidad y sus precios muy moderados. Se pueden encontrar gorras típicas, denominadas topis
que los nepaleses deben portar cuando visitan un lugar oficial, guantes de punto, calcetines de lana, camisas de algodón y
vestidos tibetanos que se abrochan por un costado. Los chales rojos, negros y naranjas con lunares, son típicos, así como
las chaquetas multicolores. Los objetos de cuero como cinturones, carteras y calzado suelen tener una buena relación calidad-precio.
Tienen merecida fama las alfombras de vivos colores y tradicionales dibujos tibetanos. Si los tintes son sintéticos son más
asequibles, mientras que las teñidas con tintes naturales suben de precio ya que su calidad es mayor.
Las piezas de cobre son muy variadas y las teteras de madera plateada resultan muy originales. También son típicos los artículos
de papel maché, las máscaras de cualquier material, los elefantes de terracota, las pinturas en papel de arroz, las flautas
de bambú, las pipas de agua y los paraguas de adorno con bellos diseños.
Son muy valorados los thangkas, pergaminos pintados, la bisutería plateada con incrustaciones de coral y turquesa, las mandalas
de bronce, los instrumentos musicales como el saranghi, pequeña viola de cuatro cuerdas que se toca con un arco que suele
llevar pequeñas campanillas, los gongs, los oboes y los damarus, pequeños tambores, las joyas de oro que, para comprobar si
son auténticas, deben dejar la marca de los dientes al morderlas, los objetos religiosos como trompetas, molinillos de oraciones,
dorjes y campanillas y los khukris, cuchillos nacionales que,
para que no sean imitaciones tienen que tener una pequeña muesca al final de la hoja, para desviar la sangre del mango, y
en la parte de atrás de la funda, debe tener otros dos pequeños cuchillos, uno para desollar y otro para afilar.
Es imprescindible regatear. Para conseguir un buen precio hay que charlar con el vendedor que ofrecerá un precio desorbitado
de salida,. Para que las dos partes acaben contentas hay que reducir a la mitad la primera oferta, mientras se establece un
amistad. Si no conoce el idioma utilice la mímica y se sorprenderá por los resultados.
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