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Jardines

Además de la visita a los innumerables museos y galerías que detallamos en el apartado de sitios de interés, nada mejor que realizar paseos por los jardines japoneses que gozan de gran fama. La gran capacidad creativa de los japoneses, aunada a una rica tradición, ha hecho posible que en reducidos espacios se hayan creado ambientes de una perfecta armonía y belleza. Los jardineros con gran meticulosidad colocan cada elemento en su sitio para representar fielmente los paisajes de la naturaleza. Gracias a la influencia del Budismo Zen, los jardines de sencillo diseño, crean la ilusión de un espacio ilimitado en áreas de reducidas dimensiones. Kyoto es particularmente rico en jardines como los de la Villa Imperial de Katsura, los del Pabellón de Kinkakuji y los del Castillo de Nijo, sin olvidar el célebre jardín de rocas del Templo Ryoan-ji. En Tokyo destacan los jardines de Higashi Gyoen, Hama Rikyu y el gran parque público de Shinjuku Gyoen, que fue uno de los lugares predilectos de la familia imperial. Sin embargo, donde quiera que vaya, siempre encontrará algún jardín donde relajarse.

Teatro

Después de estos paseos nada mejor que asistir a alguno de los espectáculos tradicionales de Japón. Comience por disfrutar de una representación de Noh, obra teatral de movimientos estilizados que ha sufrido muy pocos cambios desde sus orígenes hace ya casi 700 años. En su ejecución sólo participan hombres provistos de máscaras, empleando un idioma muy arcaico. Los temas principales suelen versar sobre seres mitológicos, bellas mujeres, historias trágicas o heroicas o sobre la angustia del existir. Ocasionalmente puede verse en Tokyo en el Teatro Nacional de Noh, en el distrito de Shinjuku o en algunas academias de Noh como la de Kita Nohgakudo o en Umewaka Nohgakudo en la ciudad de Nakano.

Sin embargo, el Teatro Kabuki es más popular ya que en sus orígenes estaba destinado al entretenimiento de las masas. Es, además, una de las manifestaciones más populares y tradicionales de Japón. A diferencia del Noh, el Teatro Kabuki es más entretenido y los temas versan sobre el amor, el odio o la venganza. En su ejecución sólo participan hombres con disfraces espectaculares, ágiles movimientos y puestas en escenas que son una maravilla. Paradójicamente el Kabuki surgió de un grupo de mujeres de Kyoto que escenificaban danzas eróticas a comienzos del siglo XVI. Esto alarmaría al Shogun quien acabaría prohibiendo a todas las mujeres a participar en el Kabuki. En Tokyo el lugar más indicado es acudir al Kabuki-za en Ginza, con representaciones durante todo el año. También en este distrito encontrará el Shimbashi Embujo, mientras que el Teatro Nacional de Japón, próximo al Palacio Imperial, ofrece ocasionalmente representaciones de este tipo.

Otra buena posibilidad la constituye el Bunraku, una elaborada forma de teatro de marionetas. Fabricados con madera y porcelana, estos títeres gigantes, manipulados por tres personas, representan diversas escenas de la vida del antiguo Japón. Osaka es la capital del Bunraku, pero en la pequeña sala del Teatro Nacional de Tokyo pueden verse algunas representaciones.

Ikebana

Para quienes gusten de las flores, nada mejor que visitar una exposición de Ikebana, el arte del arreglo floral. Existen diversas tendencias pero la tradicional, que tiene su inicio en el período heiano, es la que representa en el cielo, el hombre y la tierra. El ikebana enfatiza en la simplicidad y en la precisión de las formas para simbolizar diversos aspectos de la naturaleza. Suele haber exposiciones en los grandes almacenes y en los principales hoteles.

Por otro lado, le recomendamos que se acerque a Gion Corner en Kyoto, un teatro de artes tradicionales donde se puede disfrutar, en un sólo espectáculo, de una buena muestra de las manifestaciones culturales como la Ceremonia del Té, Música de Koto, Arte Floral, Gagaku (que literalmente quiere decir música elegante) Kyogen (comedia breve), Kyomai (Danza de Kyoto) y Bunraku. La vida cotidiana japonesa está ligada íntimamente a las satisfacciones estéticas, apreciadas por todos los japoneses sin distinciones sociales.

Festivales

Japón es además, sin duda, un país de festivales. En cualquier barrio de las ciudades y en cualquier rincón perdido en las montañas, toda tradición histórica o religiosa, se celebra con una fiesta. Le resultará difícil irse de Japón sin haber asistido a alguno de ellos. Destacamos los más representativos: Aoi Matsuri en Kyoto; el Shichigosan, o Festival de los Niños, el 15 de Noviembre; el Soma Nomaoi, con caballos, en Fukushima; el Festival Takayama Matsuri en Gifu; y el Festival de Verano en Aomori, entre otros.

Arquitectura

Si algo puede definir la arquitectura de Japón es la perfecta coexistencia de los estilos tradicionales con las más modernas técnicas de ingeniería. Gracias a la abundancia de bosques, la madera ha sido uno de los materiales más utilizado en la construcción. Entre los diferentes estilos arquitectónicos, ocupa un privilegiado lugar la arquitectura de los santuarios sintoístas, una de las formas más antiguas que se conocen. Es el caso del Santuario de Ise Jingu, que se reconstruye cada 20 años de acuerdo a las técnicas más tradicionales.

Por otro lado, la influencia del budismo en la arquitectura ha sido muy importante. Prueba de ello es el gran Buda de Bronce de Nara, o Daibutsu, del templo Todaiji, la construcción de madera más grande del mundo.

En cuanto a los estilos arquitectónicos autóctonos, éstos han sufrido diversas influencias a lo largo de los diferentes períodos de la historia de Japón. En el Período Heiano (del 794 al 1192), destaca el estilo Shinden Zukuri, que se distingue por sus techos de paja, obtenidos de las cortezas del ciprés, apoyados sobre vigas de madera. En el interior resaltan los suelos de madera, los biombos y tatamis para delimitar los espacios. El palacio Imperial de Kyoto es el mejor ejemplo de este estilo. En el Período Kamakura, momento en el que los samurais alcanzan la supremacía desplazando a la nobleza y, con la llegada del budismo desde China, se desarrolla el estilo Tang que se puede apreciar claramente en numerosos templos de las ciudades de Kyoto y Kamakura. Con el tiempo, esta tendencia evolucionaría hasta la construcción de templos en varios pisos, como es el caso del Kinkakuji (Pabellón de Oro) o el Ginkakuji (Pabellón de Plata). Además, en este período ganan popularidad los jardines creados a base de arena, piedra y pequeños arbustos. En el Período Muromachi, gracias a la popularización del té, las casas se construían de acuerdo a este rito-ceremonia, dando lugar al estilo Sukiya Zukuri. El mejor ejemplo es el Katsura Rikyu en Kyoto, en donde numerosas casas para la ceremonia del te, miran a uno de los jardines más bellos del país.

En el siglo XVI hacen su aparición los castillos, concebidos no sólo con fines militares sino, además, con ciertos criterios estéticos ya que en época de paz servían para demostrar el prestigio de los señores feudales. Entre los numerosos castillos hay que destacar el Castillo de Himeji, construido en el siglo XVII.

En cuanto a la arquitectura contemporánea y, a raíz de la apertura de Japón en el año de 1868, el país entra en un período de modernización y occidentalización, introduciendo en las diferentes construcciones la piedra y el ladrillo. Entre las obras más destacables hay que nombrar el Estado Nacional Yoyogi, sede de los juegos Olímpicos de 1964, la Nueva Ciudad Senri en Osaka o el Distrito de Shinjuku, en Tokyo.

El Tatami, es una plancha de paja de arroz trenzada, que cubre los suelos japoneses provocando un olor natural y un tanto dulzón.

Bellas Artes

Los inicios de las artes japonesas se remontan a unos mil quinientos años atrás, según los descubrimientos de diversos objetos, especialmente figuras de barro y utensilios de piedra sin pulir.

Es claro que el arte japonés, a lo largo de su historia, ha sufrido numerosas influencias extranjeras entre las que destacan el arte chino y persa. Sin embargo, con la introducción del budismo en el año 538 d.C. el arte de la India, se constituye como uno de los pilares del arte japonés. La influencia del budismo se percibe, de diferente manera, en las expresiones artísticas que se han dado en los períodos que conforman la historia del archipiélago. En el Período Asuka (592-645) se construyeron numerosos templos (como el Templo Horyuji, el edificio de madera más antiguo del mundo), siendo la característica principal el realce de lo solemne y de lo sublime, aunado a la simplicidad de las formas y a la idealización de los rasgos (sobre todo en la escultura). El Período Nara (710-794) suele dividirse en el período conocido como Hakuho (710-729), donde se manifiesta claramente la fuerte influencia china e hindú, especialmente en la escultura que presenta gracia y vigor; y el Período Tempyo (729-749), sinónimo de la edad de oro del budismo y de la escultura budista. Sus características más distintivas son el realismo y la serenidad. El Período Konin Jogan o Período Temprano Heian (810-824) se diferencia por sus formas voluminosas y expresiones idealizadas, debido a la influencia ejercida por las enseñanzas místicas de la secta budista esotérica Shingon. En el Período Heian Tardío (794-1192), destaca la belleza, la elegancia, la delicadeza y la exquisitez en las formas. Durante este tiempo la pintura asume, por primera vez, una posición importante que se aprecia sobre todo en el Yamatoe o pintura de estilo japonés y en el Emakimono (rollos ilustrados).

El Período Kamakura (1192-1333) se caracteriza por su austeridad. En la escultura prevalece el realismo y las expresiones vigorosas, mientras que en la arquitectura se distingue por su pureza y simplicidad de formas. En el Período Muromachi se desarrolla los sumie, pintura a pincel con tinta negra y ya en el Período Azuchi-Momoyama, se produce un refinamiento artístico que se expresa en la imposición de colores vivos y diseños elaborados. Es, además, la época en la que se realizan biombos, tallas de madera muy elaborada y máscaras para las obras del Teatro Noh. En el Período Edo la modalidad artística más importante fue el Ukiyoe (grabados), decayendo la escultura. Finalmente, ya en la segunda mitad del siglo XIX (período llamado moderno con la restauración de Meiji,), comienza a percibirse la influencia de occidente que se va mezclando con las manifestaciones más tradicionales.

La Ceremonia del Té

En el apartado de "Entretenimiento", hemos desarrollado brevemente algunas de las artes tradicionales japonesas como el Teatro Noh, Teatro Kabuki, Bunraku (Teatro de Marionetas) e Ikebana (Arreglo Floral). Dedicamos un espacio especial a la Ceremonia del Té Chanoyu, un pasatiempo exclusivo de Japón, que consiste en la presentación y en la forma de servir y beber el matcha (té verde en polvo). El té fue introducido en Japón desde China en el siglo VIII, pero el "matcha" aparece hasta finales del siglo XII. Esta costumbre se extendió en el siglo XIV en los shoin (estudios) y fueron los samuráis, clase dominante en la sociedad japonesa, quienes desarrollaron reglas y procedimientos que los asistentes a una Ceremonia de Té debían seguir. La modalidad del Chanoyu, que se practica en la actualidad fue establecida en la segunda mitad del siglo XVI por el maestro Sen No Rikyu. Bajo la influencia del Budismo Zen, la ceremonia era algo más que el disfrute de una taza de té, pues su finalidad era purificar el alma mediante la identificación con la naturaleza. Tras la muerte del maestro en 1591, se instituyeron diferentes escuelas que han continuado su labor hasta nuestros días.

Los estrictos cánones del Chanoyu, que a primera vista pueden parecer pesados y meticulosos, están calculados para conseguir el mayor ahorro posible de movimientos. Sin duda, estos formalismos han influido de forma fundamental en el comportamiento de los japoneses.

Sado significa "senda del té", la ceremonia en los santuarios la preside un monje, que sirve el té acompañado de dulces y un ritual en el que cada gesto tiene un significado. Es una obra artística en la que se concentran elementos estéticos y filosóficos del budismo Zen, el confucionismo y el taoísmo. En el sado participan todas las artes japonesas: la arquitectura de la casa de té, la pintura que cuelga de la pared principal, la poesía del texto que reproduce, la porcelana de los utensilios y el ikebana utilizado en la decoración, que es un arte floral, con una base filosófica Zen, donde la belleza natural se refleja a la vez que se estimula el goce de los efímero. La composición debe respetar una estructura triangular, donde están representados el cielo, la tierra y el hombre. Actualmente lo preparan las mujeres pero antes que ellas fueron los hombres y mucho antes monjes budistas.

Literatura

Son tres las obras más antiguas que han sobrevivido al tiempo y que aun ejercen una profunda influencia en la literatura actual: "Kojiki" (Anales de Temas Antiguos, prosa del año 712 d.C.), "Nihonshoki" o "Nihongi" (Crónica de Japón del 720), ambos escritos en caracteres chinos y el Man-yo-shu, la primera antología japonesa lírica que reúne cerca de 4.500 poemas en 20 volúmenes del año 770 d.C.

En el siglo IX aparece la primera novela japonesa titulada "Taketori Monogatari" (El Cuento del Cortador de Bambú) del año 811 d.C. Destaca, además, la obra "Genji Monogatari" (El Cuento de Genji), escrita por Murasaki Shikibu, que recoge una visión de la sociedad aristocrática del Japón del siglo XI. En este siglo hay que resaltar el libro "Makura No Soshi" (Libro de la Almohada), un drama cortesano que describe la vida cotidiana de la nobleza de aquella época. Durante este período adquirió gran popularidad el "Tanka", poemas de 31 sílabas, según el esquema 5-7-5-7-7. En el siglo XII , con el ascenso de los samuráis y de la clase guerrera al poder, se abre un período en el que se hacen populares los relatos de guerra.

En el siglo XIV aparece el libro "Tsurezuregusa" (Ensayos en la Ociosidad), obra escrita por un monje solitario y que, a partir del concepto budista de la fugacidad de las cosas, revoluciona el pensamiento de la sociedad japonesa.

En el siglo XVI se produce una decadencia en la literatura que se prolonga hasta el siglo XVII cuando surgen los escritores Ihara o Chikamatsu que escriben para el gran público, en base a historias cotidianas. Es en este siglo cuando aparece el Haiku, poema de 3 líneas (5-7-5 sílabas), teniendo como máximo exponente al poeta Matsuo Basho.

En el siglo XIX la literatura occidental invade Japón y se introducen, rápidamente, las corrientes como el liberalismo, idealismo o romanticismo. Sin embargo, y a pesar de esta influencia, los poetas japoneses continúan cultivando el Tanka y el Haiku. Finalmente, ya en el siglo XX, no pueden obviarse los populares cuadernos de historietas japonesas que recrean las costumbres y la vida política y social bajo los más variados géneros literarios.

Maestros Artesanos

Conservan con sus manos la memoria de las cosas, la artesanía es el tesoro vivo de la historia del Japón. Los forjadores de espadas, vienen de las montañas de Gassan en la región Yamagata, donde se estableció la primera fundición hace 800 años. La dinastía Gassan que nació de este empeño en doblegar el acero, se conocía como los Maestros de la Montaña de la Luna. La espada ha sido siempre considerada la encarnación del espíritu del emperador, hoy es un objeto artístico muy codiciado debido a su singular belleza. La cerámica, que adopta diferentes técnicas, es otra de las artes más destacadas en el país. La tierra cobra vida en las manos de los artesanos que llevan la esencia de su trabajo hasta un estado místico. El arte del tintado del quimono conlleva una destreza extraordinaria y un dominio de la técnica más fina en la coloración de las telas, la mano del artista se convierte en un duende minimalista que diseña al detalle, aligerando con el dibujo y el color los grandes espacios de las telas. El bambú ha sido moldeado en Japón desde tiempos prehistóricos para su uso cotidiano, pero a lo largo de la historia fue convirtiéndose en un arte protegido por los gobernantes, que lo utilizaron en algunas ceremonias como la del té. Los trabajos lacados son laboriosos y lentos, están esculpidos a partir de un enorme bloque de laca, creado por el artesano mediante la superposición de cientos de finas capas de la preciosa resina, tintada y fundida previamente con pigmentos minerales, el secado puede durar años.

Música

La corte imperial japonesa gustaba de escuchar una elegante música conocida como "Gagaku", de influencias chinas. El repertorio de las orquestas incluía piezas instrumentales y de baile. Actualmente se conserva la tradición con algunas variaciones. Entre los instrumentos japoneses tradicionales se encuentra el "shamisen", parecido al banyo, pero más largo. Actualmente se usa para acompañar piezas teatrales del kabuki y bunraku. Otros instrumentos son el "koto", el "biwa". El consumo de música moderna en Japón ocupa un lugar destacado en el ámbito mundial, la música en vivo de todos los orígenes es muy popular en Tokyo. Entre los músicos actuales destacan Kitaro y Sakamoto Ryuichi, miembro de la Mágica Orquesta Amarilla, aunque ninguno alcanza la popularidad de Sakamoto Kyu, que en los años 60 fue un éxito en USA. Existen numerosas bandas japonesas que imitan el estilo occidental, e incluso en los ámbitos salseros latinos se ha destacado la "Orquesta de la Luz" cosechando éxitos como si de un grupo caribeño se tratara.

Cine

Las primeras películas fueron importadas al Japón en 1896, la producción propia comenzó en el año de 1899. En la época del cine mudo, la trama era explicada por el "benshi", que pronto comenzó a formar parte de las propias películas. Los primeros argumentos fueron sacados del teatro tradicional, pero tras el terremoto de 1923, siguieron temas más modernos. Proliferaron los temas de samuráis. Durante la II Guerra Mundial, los temas de propaganda proliferaron. Los aliados prohibieron las películas feudales y de artes marciales en sus cines y pronto surgieron otros géneros como los dibujos animados, películas de terror, comedias, etc. En los años 50 el cine japonés atraviesa una época dorada, Akira Kurosawa introduce el cine japonés en el ámbito internacional, con su película Rashomon (1950), que obtuvo el primer premio del Festival de Venecia en 1951. El director japonés continuó cosechando éxitos como "Los Siete Samurais", "Yohimbo" (1961) o "Ran" (1985). Otro director destacado es Itami Juzo.

Actualmente el cine independiente japonés está siendo bien recibido por el público occidental.