Después de estos paisajes idílicos se llega a Kerewam donde la carretera se detiene a pocos metros del río. Una vez visitados
Kinte Kunda y Saba, merece la pena detenerse en Salikene, para realizar alguna excursión por sus alrededores, echar un vistazo
a sus arrozales, caminar entre los manglares y admirar las numerosas garzas y cigüeñas que habitan estas tierras.
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