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España

 
eografía
 

España es un país de apenas 500 mil kilómetros cuadrados de superficie incluyendo su territorio insular y las dos pequeñas ciudades que posee en Africa. A pesar de ello es, dentro de Europa, una de las naciones más grandes por su tamaño. Comparte con Portugal la península en la que Europa culmina, llamada Península Ibérica. Sus vecinos, viejos y grandes imperios son, al norte el mar Cantábrico y las Islas Británicas; al oeste, Portugal; al este, Francia y el pequeño Principado de Andorra y al sur, la inmensa extensión viva que es áfrica, separada apenas por unos 70 kilómetros por el Estrecho de Gibraltar. Su costa suroriental está bañada ampliamente por el Mediterráneo, mar que ha jugado un importante papel en la historia Española.

Su ubicación hacia el sur, en relación al resto de Europa, convierte a España, en uno de los pocos sitios europeos sobre la franja cálida que se acerca al Ecuador; esto es la causa de que, al menos en el sur de la península, el clima se vuelva mucho más cálido y ronde los 30 grados centígrados en promedio.

La forma en que la península ibérica se cierra sobre el Mediterráneo y se convierte en el paso obligado de Europa del centro hacia el Atlántico y el nuevo mundo, así como los más de 3000 kilómetros de litoral que posee, son una de las razones que explican la abundante presencia de grupos que buscaron en España nuevos horizontes y nuevas formas de vida como fueron los cartaginenses, los fenicios, los romanos, visigodos y finalmente los árabes. Mientras por la costa, especialmente la mediterránea, España se vuelve accesible, la cadena montañosa Pirenaica que la separa de Francia la convierte en una especie de Fuerte de Europa. Este aislamiento natural hace considerar a la península como un pequeño continente que se ha visto obligado a sobrevivir por sí mismo.

Además de los pirineos que son con mucho las montañas más altas en el territorio, cuenta con varias cordilleras menores como son la Cantábrica y la Galaica en el norte, y la Bética en el sector meridional. Ambas sorprenden porque desde sus alturas, la cercanía con el mar se huele, se alcanza a vislumbrar creando un espectáculo enigmático y decididamente de influencia en la cultura española. Hacia el centro una meseta constante, de una altura que ronda los 600 metros, se ve rodeada por sierras menores que se han fundido con la historia española: la Sierra Morena en Andalucía, la sierra de Gredos en Castilla, Guadarrama entre Castilla y Madrid y Guara en Aragón, son algunos ejemplos de esta sucesión de montañas que se imponen en la vida hispana.

En cuanto al agua, España ha sido privilegiada con la presencia de una gran cauce fluvial. Ríos abundantes y con numerosos afluentes la cruzan y le han dado vida a sus tierras. El Ebro, en el oriente, el Duero en el centro y norte, el Tajo, que atraviesa el corazón de la península, el Guadiana, con su misterioso aparecer a lo ancho de España y el Guadalquivir, que ha nutrido la zona sur con sus aguas fuertes y dulces. Numerosos lagos y embalses históricos conservan el líquido que ha sido clave en la historia agrícola, ganadera y militar de este país. Esta presencia de agua se corresponde, al menos hasta hace poco tiempo, con un ciclo regular de lluvias que han garantizado la vida en este sitio. Como característica frecuente, las ciudades de las costas y las sierras, unen a su belleza histórica y medieval una bruma frecuente que revela su relación con la humedad y las envuelve en un aire de misterio constante.

En sus islas, la belleza de varios elementos se ha conjugado desde siempre. Las Islas Canarias, por ejemplo, son un territorio volcánico que combina desde las dunas del desierto, las montañas más altas, las mesetas y parques naturales hasta las costas donde el ir y venir del mar relaja y permite tener un fluido tráfico, mientras que las Islas Baleares se han convertido en el paraíso para muchos veraneantes, gracias a sus espléndidas playas.