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Uzbequistán es un país de tradición islámica. Ello no obstante de su inmediato pasado bajo el gobierno soviético que le ha
procurado un peculiar desarrollo y con el cual vivieron su revolución industrial. El régimen soviético ha sido la plataforma
que les ha servido de puente hasta una sociedad moderna. Una sociedad moderna dibujada con el hecho cultural y las condiciones
geopolíticas centroasiáticas. La riqueza cultural de esta región ha tenido el privilegio, a pesar de su aislamiento natural
geográfico, de recibir las influencias directas primero helenísticas, a través de la conquista de Alejandro Magno, después
mongolas con la conquista de Jengis-Kan, y finalmente otra vez europeas bajo el poder zarista ruso en un primer momento y
soviético posteriormente hasta el 1 de Septiembre de 1991, fecha de su independencia.
El Islam, sin embargo, aglutina un importante número de tradiciones por su fuerza religiosa. El Estado es laico, dotado de
una constitución a la europea, con reconocimiento de los derechos fundamentales modernos y la implantación de un sistema presidencial
bicameral. Pero si el peso de la religión parece escaso en la vida política no lo es tanto en la vida social. Es habitual
terminadas las comidas que alguno de los comensales dirija unas palabras de agradecimiento a Alá en nombre de los presentes,
o que al pasar por lugares sagrados, cementerios o procesiones funerales, se pasen las palmas de las manos abiertas por el
rostro, sin tocarse, en señal de respeto. Tampoco se come en ningún lado cerdo, aunque no existe la misma rigidez con el alcohol
o el tabaco.
La familia es una institución social muy importante. Jerarquizada clásicamente, aparece el padre, el abuelo, la madre, y el
primogénito con ciertos derechos debidos a su posición dentro de la ella. Mientras no se case el primogénito no pueden hacerlo
ninguno de sus hermanos. El abuelo y la abuela siguen siendo personas de una gran autoridad dentro de la familia. Con la caída
del socialismo se entrevé una vuelta de la mujer a las labores domésticas y una función más activa del marido en el mantenimiento
económico de la casa.
Dentro de este orden el hombre va disfrutando de más derechos formales que la mujer. ésta por otro lado se convierte en una
perla a la que hay que cuidar con la delicadeza que exige su condición femenina. Frente a una mujer no se puede nunca levantar
la voz, ellas además no fuman y muy pocas veces beben a no ser por alguna celebración importante. Tampoco se sientan entre
los corros de hombres ni pasean solas o de noche. Hay que distinguir obligatoriamente para aclarar los términos, que la norma
desaparece cuando se trata de la población eslava en la que estas tradiciones no se cumplen.
En la vida de un chico hay dos momentos muy importantes: el día de la circuncisión y el día de su boda, éste compartido por
su futura esposa. Cualquiera de estos dos días se desarrolla lleno de un significado especial, considerándose una gran fiesta
y celebrado con la familia mediante un lujoso banquete.
La circuncisión se les practica a todos los chicos musulmanes. Se realiza en los años impares, preferiblemente a los tres
o a los cinco años del joven. Consiste en circuncidarle el pellejo sobrante del prepucio mediante un corte seco de bisturí.
Lo hace un especialista pero no en ningún hospital, al menos en muchos de los casos, sino en la casa de la familia, donde
se desarrolla la celebración. El resto de piel cortado se entierra bajo la tierra queriendo significar el carácter fértil
de esta parte. Ese día se invita a familiares y amigos y se organiza una fiesta de grandes dimensiones sin tomar mucha importancia
la condición social de la familia ya que este día "la casa se tira por la ventana". Al niño se le agasaja con numerosos regalos
y se convierte en el centro de la reunión, entre música y bailes regionales. Todo ello para ayudar a dejar en él un grato
recuerdo y mitigar los efectos del dolor que la operación le deja por algunos días.
El otro momento importante en la vida de los jóvenes es el día de su boda. Como en todas las culturas es un día especial en
el que la celebración de un acto tan trascendental adquiere la misma fuerza dentro del folklore. La mayoría de las bodas se
realizan en los meses de Verano, principalmente en Agosto. En muchos de los casos se sigue un rito clásico por el cual el
padre del novio visita la casa de la novia y le pide al futuro suegro la mano de su hija. El mismo día hablan de la dote e
intentan fijar los días de la celebración. Generalmente, a no ser de familias ricas, la mujer después de casada pasa a vivir
en casa del marido.
El día de la boda es una fiesta espléndida, que se puede celebrar en algún restaurante o en la misma calle, en un recinto
abierto que llenan con mesas abarrotadas de alimentos y bebidas. Una orquesta y una bailarina profesionales sólo paran su
trabajo cuando el dinamizador de la fiesta, un hombre encargado de ceder las palabras, pide el silencio para dar paso a las
distintas felicitaciones que los invitados van realizando a través de un micrófono. La música suena ininterrumpidamente mientras
la bailarina danza moviendo manos y cintura envuelta en un traje ligero, rodeada de otros invitados en el centro del escenario
o recorriendo todo el lugar al tiempo que le colocan billetes de dinero en las manos. Al acabar la ronda, que no se corresponde
con las canciones ya que nunca paran, sus manos están llenas de billetes pareciendo alas que se mueven recordando en cierto
modo los pasos de las sevillanas. Los novios, siempre impertérritos, permanecen casi todo el tiempo de pie, en la mesa principal,
agradeciendo las felicitaciones que personalmente les van dedicando casi todos los presentes.
La vestimenta de los uzbecos es también peculiar. El traje nacional masculino se compone de un abrigo de terciopelo (jalat)
azul marino y una gorra cuadrada negra con bordados blancos (tubidieika), que cubre únicamente la coronilla. El abrigo sólo
se utiliza en ocasiones especiales pero la gorra es muy común y se usa con frecuencia. Las mujeres tienen un vestido amplio
de seda y con mangas largas, que puede ser de distintos colores, por lo general muy llamativos como los rojos, ocres amarillos
y violetas. Al contrario que los hombres muchas de ellas lo llevan a diario. También tienen un gorro, del mismo tipo que el
masculino pero dorado y con bordados plateados, rojos brillantes y lentejuelas incrustadas formando florecillas u otras figuras.
De uno de los lados le cuelga una coletilla de hilos.
El pueblo uzbeco es muy hospitalario y amable con los extranjeros. Respetan nuestras costumbres y les encanta mostrarnos las
suyas. Son amantes de las tertulias alrededor de una mesa con te, y de pasar las calurosas tardes de Verano semitumbados en
los "sufás", una especie de gran cama de madera en cuyo centro se eleva una plataforma rectangular donde se sirve comida,
té, o se colocan los "nardi", un juego típico muy parecido al backgammon inglés al que son realmente aficionados.
Una práctica con la que se puede disfrutar es la del regateo. En Uzbequistán, dejando a parte los establecimientos oficiales,
cualquier precio se puede negociar, sobre todo en los bazares y tiendas de suvenires. Tal es su amor por discutir los precios
que si el comprador no lo hace no quedan satisfechos del todo con la venta. A veces, incluso, dicen el precio de salida y
advierten con gestos que se puede rebajar.
NACIONALIDADES AñO 1959 AñO 1989
(en%) (en %)
yzbecos 62.2 71.4
rusos 13.5 8.3
tadyikos 3.8 4.7
kazacos 4.1 4.1
tártaros 5.5 3.3
karakalpacos 2.1 2.1
kirguisos 1.1 0.9
koreanos 1.7 0.9
ukranianos 1.1 0.8
turkmenos 0.7 0.6
turcos 0.3 0.5
judios 1.2 0.5
armenios 0.3 0.3
azerbayanos 0.4 0.2
uiguros 0.2 0.2
bielorusos 0.1 0.1
persas 0.1
otros 1.9 1
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