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La espiritualidad del paraíso
Encontrar prácticamente de todo en un mismo lugar, accesible por su tamaño y su hospitalidad es el principal atractivo para
decidirse a visitar Sri Lanka.
Casi podría decirse que es la isla perfecta: ni muy grande para perderse en una visita interminable, ni demasiado pequeña
para recorrerla con rapidez y dar paso al tedio. Por si fuese poco, en ese tamaño justo se encuentra de todo: hermosas playas
de aguas transparentes, abundantes ríos de diversos caudales, montañas que invitan al reto de escalarlas, bosques ideales
donde se han instalado a vivir toda clase de animales y plantas. Esta variedad garantiza un estímulo perceptivo constante
que, sumado al carácter amable de sus habitantes permite unas vacaciones ideales, tanto si se desea una actividad frenética
como si el objetivo es solamente el descanso.
Existe todavía un aliciente más todavía para el visitante: la posibilidad de entrar en contacto con un carácter espiritual
denso por su profundidad, pero ligero por la forma en que se amolda a la vida cotidiana. El budismo, principal fe de la isla,
convive en armonía con el hinduismo, con algunas formas de animismo y con las principales religiones monoteístas. Esto es
un paraíso terrenal donde la trascendencia es algo cotidianamente buscado que impregna al visitante de, por lo menos, una
visión nueva de vida.
Como un mundo en pequeño, armónico, distante y cercano a la vez, Sri Lanka lo espera para cautivarlo con su belleza física,
pero sobre todo, con la belleza que emana de una espiritualidad profunda probadamente resistente a los influjos extraños.
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