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Sri Lanka

 
auna y flora
 

Un entorno geográfico tan variado e impresionante como el que posee la isla es el escenario perfecto para la existencia, convivencia y reproducción de una flora y una fauna abundantes, igualmente variadas y muy interesantes, ante las que el ser humano no puede menos que sentirse asombrado y pequeño, amante rendido ante la belleza de la vida que más de 600 especies de animales terrestres, 900 de peces y cerca de 3.000 de plantas ofrecen a los sentidos. Además de la abundancia mencionada, la flora y la fauna de Sri Lanka brindan la oportunidad única de entrar en contacto con cerca de 133 especies animales cuyo hábitat exclusivo es la isla, así como de más de 700 plantas que únicamente se encuentran en este país.

La isla entera es como una reserva natural que sus habitantes han sabido proteger y conservar en un equilibrio ecológico poco común, cuyas raíces se fundan en la armonía propia de la fe budista que respeta profundamente los seres vivos, hasta el punto de que quienes la profesan prefieran recluirse durante la época de lluvias para evitar pisar, por error, alguno de los abundantes y pequeños insectos propios del verano y la humedad.

Dependiendo de la altura, la vegetación cambia de los bosques perennes del tipo seco-mixto, en el noroeste, a matorrales espinosos en el noroeste y sureste y praderas de altos pastos en el este. Los monzones influyen de manera notable, provocando altos índices de humedad que propician una flora tropical muy variada entre la que destacan el mango, el mangostino, las palmeras, el árbol de la papaya, la sapodilla, el rambután, el aguacate, la piña, el plátano, el pomelo y los cocoteros. Las flores constituyen un atractivo más, especialmente el narciso y las orquídeas, que crecen abundantemente y en variedades que no pueden verse en otro sitio.

Tampoco se pueden olvidar como parte del paisaje vegetal de la isla las interminables y atractivas plantaciones de té, de especies como la canela, el clavo, la pimienta o el cardamomo, los cafetales, las palmeras, el caucho y los arrozales, donde color y aroma se combinan con la imparable actividad humana haciendo fluir ese exótico entorno particular de la isla.

Sri Lanka cuenta con importantes jardines botánicos, como los de Hakgala y Paradeniya en el centro, Henarathgoda cercano a Negombo en el oeste, Worlds End y el de Kandy que es uno de los más reconocidos del mundo por su impresionante colección de orquídeas.

La fauna es también muy variada e impactante. En la actualidad, está fuertemente protegida por el gobierno que ha creado Parques y Reservas Naturales. Los primeros permiten visitas en condiciones muy específicas, mientras que los segundos se mantienen cerrados al público para facilitar la vida y reproducción de los animales. En los Parques Nacionales se pueden contemplar, entre otras muchas especies, ciervos, jabalíes, numerosas clases de monos, chacales, tigres, leopardos, osos, búfalos, cocodrilos, iguanas, sambhures y, especialmente, elefantes. En el Orfanato de Pinnwala se recogen los bebés-elefantes de hembras enfermas y muertas, proporcionándoles una madre adoptiva. Esta medida se ha hecho necesaria ya que de los 30.000 elefantes que vivían en la isla, a principios de siglo, solo quedan 2.000.

Sri Lanka es también un verdadero paraíso ornitológico donde abundan pelícanos, abejarucos, flamencos, papamoscas, abubillas, distintas especies de zancudas, pavos reales, loros, cigüeñas, águilas y muchísimas más especies que completan este importante universo. Los santuarios de Kumana, en el este, y de Bundala, Kalametiya y Wirawila en el sur son de los más interesantes. A mediados de agosto, el espectáculo de miles de aves arrivando a la isla resulta indescriptible: cielos cubiertos de aves, con su gracioso y ágil vuelo, iluminando todo con sus colores y sonidos en su huida de los inviernos gélidos de Europa del este, Siberia y Escandinavia. Las mariposas también cuentan con un papel protagónico en la vida de la isla. Al inicio de la primavera se puede ver a la especie Samanala Kande, entre muchas otras, emigrar a las zonas bajas de las montañas, alegrando los tonos ocres y verdes con su colorido rojizo y blanco.