Las ruinas de Palmira fueron descubiertas a finales del siglo XVII por dos comerciantes ingleses residentes en Alepo. Hasta
casi dos siglos y medio después, ya en 1924, no se iniciaron los trabajos de recuperación de una manera sistemática. Durante
los siglos de abandono Palmira albergó a comunidades de beduinos que se cobijaron entre sus ruinas. El apogeo de esta metrópoli
del desierto, conocida por los locales como Tadmor del arameo `tadmorto` que significa ciudad prodigiosa, coincidió con el
reinado de Zenobia, durante el tercer siglo de nuestra era. Zenobia ciñó la corona después del asesinato de su marido, el
rey, convirtiéndose en una de las figuras femeninas más atractivas de la historia antigua. Una mujer inteligente y ambiciosa
capaz de competir con Roma y Persia. Entre las ruinas destaca el Templo de Bel, la Gran Columnada, una avenida de columnas
que atraviesa arrogante la ciudad para terminar en el Templo Funerario, el Arco Monumental, el Teatro digno de ver, el Castillo
de Qala'at ibn Maan, emplazado sobre una colina dominando la ciudad y el Museo, localizado entre las ruinas y la nueva ciudad,
que guarda excelentes piezas de Palmira.
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