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En el reino de la tolerancia
En los bosques más antiguos de la Tierra ha germinado una nación boyante. Desde la selva de Borneo hasta los rascacielos de
Kuala Lumpur, Malasia penetra por los cinco sentidos con el aroma de las viejas colonias, el sabor de las especias, el tacto
oriental, los sonidos de la jungla y los colores de dos mares.
Quienes conocen este país, afirman sin reparos que "sólo Malasia lo tiene todo". Y nadie es capaz de desmentir tal verdad.
Malasia posee pintorescas aldeas de pescadores, montañas que guardan tradiciones milenarias, abundantes e impenetrables bosques
tropicales y kilómetros de playas vírgenes de finas y blancas arenas. Todo ello, acunado en el centro de una cultura milenaria,
nacida del encuentro de diferentes razas. Probablemente el tesoro de Malasia sean sus habitantes, hombres proveniente de rincones
tan lejanos como la China o la India, sin olvidar la presencia colonizadora de ingleses, holandeses y portugueses. Aquel pasado,
cargado de inmigraciones, se hace presente permanente en la riqueza de sus tradiciones, en su arte, en sus coloridos y diversos
festivales, en su gastronomía, en sus relaciones humanas, en fin, un sólido reino donde la tolerancia posibilitan un calidoscopio
de costumbres difícil de encontrar en otras regiones.
Malasia es una suave sonrisa, una delicada enseñanza, el lugar ideal para aprender algo sobre la convivencia. Quienes la visitan,
han de retornar a su lugar de origen cargados de una filosofía de vida, fundamentada en el respeto por la diferencia, hecho
que posibilita el crecimiento y el florecimiento de riqueza en cualquier nación.
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