La capital de Macedonia (440.547 habitantes) está estratégicamente situada en el río Vardar, en un cruce de caminos balcánicos,
justo a mitad de camino entre Tirana y Sofía. Los romanos se percataron de la importancia de la ubicación y establecieron
en ella Scupi como capital de la provincia de Dardania. Después llegarían eslavos, bizantinos, búlgaros y serbios, hasta la
llegada de los turcos en 1392.
Tras un devastador terremoto en 1963, Yugoslavia se volcó en reconstruir la ciudad, excediéndose en las pretensiones modernizadoras,
puesto que se construyeron enormes estructuras a las que después no se les supo dar uso. Afortunadamente, gran parte de la
ciudad sobrevivió, de modo que Skopje ofrece la posibilidad de contemplar toda la historia de los Balcanes de un vistazo,
casi como si se hubiese diseccionado con un cuchillo. El viajero debe tratar de ir más allá de la visita turística y tomarle
el pulso a esta vibrante ciudad.
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