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La tierra prometida
Israel, la Tierra Santa, la Tierra Prometida, un país de infinitos caminos... todo un mundo de sorpresas.
Viajar a Israel es hacer un recorrido por los escenarios de la Biblia, del Antiguo y del Nuevo Testamento, una odisea por
el tiempo, una travesía por un crisol donde confluyen diversas y variadas culturas (donde la complejidad étnica, religiosa,
política y social es la nota característica) que buscan afanosamente un sendero nuevo que conduzca a la convivencia pacífica.
Y es que Israel es la capital de las religiones monoteístas más importantes que profesa el hombre, un importante centro de
culto. Para muchos es el encuentro con un Dios viajero en busca de humanidad y para otros la búsqueda de Dios.
Pero Israel es más que eso. En sus tierras se respira algo invencible, algo mágico, algo que pertenece a tiempos lejanos y
que se percibe en sus diversos ambientes. Un lugar donde lo sagrado se vuelve cotidiano y cercano para dejarse tocar en sus
paisajes tan variados, en sus delicados aromas y en sus hondos silencios. Desde la Antigua Jerusalén hasta la moderna Tel
Aviv, desde las costas del Mediterráneo hasta el insondable Desierto del Neguev, desde el Lago Tiberiades hasta los fértiles
valles de Galilea, desde las playas de corales del Mar Rojo hasta las profundidades del Mar Muerto (el punto más bajo del
planeta), desde las regiones como Samaria, Judea, hasta los zocos árabes, desde el pasado al presente...en una sola palabra,
Israel es, la Tierra Prometida.
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