En los alrededores de la ciudad, a unos veinte kilómetros, se sitúa una villa sobre cinco colinas, Veszprém. La villa
fue destruida en el siglo XVIII por los Habsburgo y posteriormente reconstruida en estilo barroco. Entre las joyas arquitectónicas
que se pueden contemplar en ella, destaca el Castillo, que alberga un museo y la Catedral de San Miguel, en la que el hijo
del rey Esteban hizo sus votos de castidad.
Pese a su cercanía al Balatón, Veszprém tiene poco que ver con los centros de ocio del lago. Ciudad condal, universitaria
e industrial goza de una rara uniformidad en su arquitectura, integrada por pequeñas casas y frecuentes jardines.
A lo largo de la historia tuvo un importante papel, hasta el punto de recibir el privilegio de ser el lugar donde se coronaban
a las reinas húngaras, la primera de las cuales fue Gizella, esposa de Esteban.
La calle peatonal que dirige hacia la Colina del Castillo está flanqueada por bellos edificios de los siglos XVIII y XIX.
En la Plaza de la Trinidad se halla el magnífico Palacio del Obispo, de 1776 y a su lado la Capilla de Gizella, de estilo
gótico temprano con frescos originales.
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