Desviándose en dirección al río Tisza, en medio de árboles, flores y praderas de césped surge Csongrád, una auténtica
ciudad jardín cuya quietud no se atreven a turbar ni sus propios habitantes que suelen utilizar la bicicleta para desplazarse.
No hay muchos monumentos que visitar en ella, pero vale la pena pasear por las orillas del Tisza y dos de sus afluentes que
se unen aquí: el Ky#337;rös y el Holt-Tisza y llegar hasta el pueblo-museo que muestra cómo era la aldea de pescadores hace
200 años. Las casas rurales con techos de junco son monumento histórico.
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