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La grandeza de los sueños
Estados Unidos se presenta al mundo como un país variado, con una riqueza cultural y una variedad natural en un país gigantesco.
Cada uno de sus estados va más allá del mito del cine, guardando paraísos naturales como Alaska o ciudades soñadas como Nueva
York, pero también multitud de gentes y culturas unidas por la creencia ciega en sus ideales.
Los mitos son el producto de la razón que busca explicar algún evento. Son también, quizás, producto de la imaginación, del
deseo o muy probablemente, del esfuerzo por imprimir un matiz de fábula a nuestro pasado.
Si se viaja a los Estados Unidos de América (no importa si se hace a la bella zona de la Costa Este o a la impresionante y
cautivadora región del Oeste) movido por el afán de descifrar sus mitos, seguramente la frustración aparecerá muy pronto.
Y no es por que sea imposible deleitarse en las fabulosas narraciones o leyendas del pasado de este país, historias que se
perciben en sus construcciones, mansiones y casas de los siglos XVIII y XIX. Lo que sucede es que los mitos en los Estados
Unidos parecen ser el fruto de un artificio, de un escenario al estilo de Hollywood, de algo muy bien montado, como de una
emoción en la que no caben los términos medios: o se es grandioso o se es desconocido. Pareciera como si de un gran parque
de atracciones se tratara.
Además del interés y de la belleza de muchos de sus monumentos o atractivos, como el Capitolio de Washington, el Museo de
Arte Contemporáneo de Nueva York, el Golden Gate de San Francisco, las Antiguas Misiones Españolas de California, la lúdica
Florida o el cautivador ritmo de Nueva Orleans, el verdadero tesoro de los Estados Unidos es su majestuosa naturaleza, probablemente
el mayor espectáculo del mundo. Una naturaleza inmensa, que busca pacientemente su sitio entre los mitos contemporáneos en
el país de los sueños y las posibilidades. Sin duda, la gran olvidada por los viajeros, un tesoro escondido a la espera de
ser descubierto. Los espacios naturales no se reducen a Yosemite, Yellowstone o al Gran Cañón, sino a un fantástico tesoro,
como pueden ser los alrededores del monte McKinley en Alaska, el Grand Teton en Wyoming, el Bryce Canyon en Utah o el Parque
Nacional el Glacier en Montana. Son éstas, algunas de las joyas de la gran potencia, un abanico de posibilidades, un fascinante
catálogo de atractivos naturales que desconciertan la razón, hacen vibrar la imaginación y congelan los deseos y el afán por
descifrar mitos.
Le invitamos a que se hunda en este mosaico de posibilidades, de sueños, de alternativas, de historia, de mitos y de una naturaleza
contemporánea, que supera con creces el pasado de los Estados Unidos de América.
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