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Nepal es un verdadero mosaico de razas de distintas culturas que conviven en paz ya que el respeto es una característica esencial
de los nepaleses. Nadie intenta que se adopte su modo de vivir pero sí espera que se respeten sus tradiciones y costumbres.
Este mosaico se divide en diferentes áreas geográficas: en las zonas más altas de montaña habitan los sherpas, habituales
guías y porteadores, para explorar la zona, que practican el budismo tántrico y hablan un dialecto del tibetano, los lo-pas,
los dolpo, muy influenciados por la magia del chamanismo bon y los myeshang, de raza gurung.
En las alturas medias moran los kirat, de origen indio, practican distintas religiones, los newars que se rigen por el sistema
de castas, los chepang de rasgos mongoles, los guruns, los magars, muy numerosos, los tamangs, los panchgauns, actualmente
sólo son unos cincuenta, los sun wars y los thakalis.
En la parte baja del Nepal viven satars que hablan su propio dialecto, los tharus, los aborígenes de Terai, los dhangars,
drávidas y los rajbansi, hindúes con una minoría musulmana.
En la zona media y baja del Nepal además de estas etnias, conviven musulmanes, kshatriyas y brahmines, estos dos últimos hindúes.
La vida en el Nepal es muy dura. Las zonas rurales son verdaderamente pobres y se lucha contra la mortalidad prematura. Sólo
hay tres médicos para cada 100.000 habitantes y uno por cada cien mil fuera del Valle de Katmandú. Uno de cada cinco niños
muere durante las primeras semanas de vida y 35 de cada 1.000 entre los primeros cuatro años de edad. Las causas no son otras
que la grave desnutrición. Quizá por la extrema dureza de sus vidas, los nepaleses son solidarios, conviven en paz y disfrutan
con lo poco que tienen. Tratan al extraño con respeto y cortesía y sonríen con frecuencia, mientras sus ojos permanecen serenos,
plenos de sabiduría.
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