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La población de Namibia es de 1.727.000 habitantes, según censo del año 1997. Se pueden dividir en indígenas y descendientes
de los colonos. Aquéllos se dividen en bosquimanos, hotentotes y bantúes meridionales.
Los bosquimanos hombre del bosque representan un tipo étnico muy interesante. Continúan viviendo en estado semisalvaje, de
la caza. Sus antepasados han dejado en Namibia extraordinarias pinturas rupestres, las más famosas en la zona de Brandberg.
Los primeros pobladores no fueron los negros, sino los bosquimanos, seguidos un siglo más tarde por los hotentotes. Cuando
los negros penetraron por el norte ambas tribus lucharon encarnizadamente contra ellos. Los hotentotes se opusieron durante
mucho tiempo al establecimiento de los blancos, e incluso combatieron contra los alemanes hasta la Primeras Guerra Mundial.
Los bantúes mantienen algunas tradiciones antiguas. La vivienda típica es el ponok, una choza hemisférica con el armazón a
base de palos flexibles, cubierta de cortezas de árbol. Son celosos guardianes de sus ganados, a los que jamás sacrifican
para comer su carne.
Cerca de donde el río Kunene marca la frontera de Namibia con Angola se extiende un territorio semiárido donde se asienta
la tribu ganadera de los himba. Tanto los hombres como las mujeres son reconocidos por su porte y belleza. La imagen es importante
para ellos y así la cuidan. Su piel es de color rojo, no es más que un tinte que las mujeres se ponen con frecuencia. Lo obtienen
de unas rocas de hierro oxidadas, que machacan hasta conseguir un fino polvo ocre que mezclan con manteca animal. Esta mezcla
es esparcida por la piel y vestidos. Al tinte se le añaden además plantas aromáticas. Nunca olvidan ponerse sus adornos y
peinarse con estilos de lo más sofisticado.
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